vuelé o creció

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Macanudo 12 / 04 / 2012 - Por Liniers

máscaras o los preparativos

Tenía la sensación de poseer todo. No era nada extraño porque es justamente mientras estamos engolfados en los preparativos cuando nos hallamos en completa posesión de nuestro viaje hasta el último detalle. Después, sólo queda un proceso, el proceso de perder nuestra posesión. Esto es lo que hace absolutamente inútil eso que llamamos “viaje”

Confesiones de una máscara

Yukio Mishima

ocio

No debo olvidarme de mi descubrimiento de anoche, mientras lavaba los platos. Ahora lo voy a contar mal y con los ojos llorosos. Pero lo voy a anotar de la manera que sea, para que no se me borre.
Lo primero fue ordenar los platos y cubiertos y demás enseres, adentro de un palangana, para sacarlos de la pileta y para facilitar el trabajo. Ya mientras estaba intentando ese orden comencé a tener un sentimiento agradable. Había apagado la computadora y mi mente ya no estaba metida en esas cosas. Empezaron a asomar pensamientos míos, o no sé de quién, pero quiero decir humanos. Recuerdos, reflexiones. Y mientras estaba sumergido en el trabajo de lavar los cubiertos y luego los plásticos y luego los platos, hice el descubrimiento: descubrí que eso, y no otra cosa, era el ocio que necesitaba. Descubrí que el ocio no consiste en sentarse necesariamente en un sillón y ponerse tenso a esperar la angustia difusa. Que la angustia difusa venga por su cuenta cuando tenga que venir, si es que tiene que venir. Yo intentaba forzar una situación anímica, y por eso fracasaba. Está bien sentarse en un sillón a descansar o en otro sillón a leer, cuando uno quiere, cuando hace falta. Pero si uno lo hace por obligación, para poder encarar un proyecto, como este de la beca, eso ya no es ocio, ni búsqueda de ocio. O mejor dicho, la busqueda de ocio se transforma en un trabajo, o sea en un negocio, o sea en la negación del ocio. Hace muchos años un amigo me explicó que la palabra negocio venía de ahí, de neg-ocio, no-ocio. El ocio en sí mismo no es como yo pensaba –en realidad no pensaba, sino que simplemente actuaba en esa dirección equivocada-, el ocio, digo, no tiene sustancia propia, no es un ente en sí mismo, no es nada; el ocio es una disposición del alma, algo que acompaña cualquier tipo de actividad; no es la contemplación del vacío, y menos aún el vacío mismo; es, cómo decirlo, una manera de estar. Sentarse en un sillón sin hacer nada no implica necesariamente ocio, si uno tiene la disposición adecuada. La disposición adecuada en el caso de lavar los platos, es lavar los platos como si fuera la cosa más importante del mundo. No como si fuera; es la cosa más importante, como cualquier otra cosa que estuviera haciendo en ese momento, y es ocio en la medida que la cosa que esté haciendo me deje libre la mente, no la comprometa, o no la comprometa más que para la contemplación de la cosa que estoy haciendo. Y esa cosa no debe tener una finalidad tipo negocio, porque ahí se estropea todo. Lavo los platos sin deseos de estar haciendo otra cosa, sin apurarme. Y después de lavar los platos preparo los frasquitos para el yogur y enchufo la yogurtera. Y ese tipo de cosas que hago siempre –pero con la diferencia de que en ese momento estaba ocioso, porque mi mente no estaba ocupada en ningún negocio, porque yo no deseaba estar haciendo otra cosa, porque me divertía con hacer lo que estaba haciendo-. Eso es ocio, o por lo menos el ocio que yo necesito.

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